oliver dorfer

oliver dorfer - argumentos visuales

arte al limite, art magazine, chile, text: juan pablo colin

Haciendo uso de una iconografía extraída del imaginario contemporáneo, el artista austríaco plantea una narración que se relata por sí misma, a través de la congregación de íconos y símbolos que abundan en la cultura contemporánea.

Oliver Dorfer (Linz, Austria, 1963) nació artista. Según confiesa, no hubo nada en su entorno cercano que condicionara ese incipiente interés que comenzó a manifestarse a la edad de 15 años, cuando se vio a sí mismo frecuentando museos de arte contemporáneo, por el solo placer de contemplar las obras pictóricas y escultóricas que allí se exhibían. Entonces comenzó a dibujar, obsesivamente, ignorando los paupérrimos resultados que por largo tiempo obtuvo. “Pero siempre me sentí bien al final, satisfecho y exhausto, como después de escalar una montaña o jugar un partido denbádminton”, relata. Cuando llegó el momento de decidir si era conveniente ingresar a una escuela de arte o no, Dorfer optó por evadir esa opción e iniciar estudios en sociología. La experiencia que la práctica periódica le había otorgado, le hacía cuestionar el sistema de enseñanza. Además, la carrera escogida le permitía aproximarse a un amplio espectro de disciplinas que incluían la sicología, política, filosofía y estudios culturales.
Al momento de realizar su tesis, en la que analizaba el arte contemporáneo en el marco de las sociedades democráticas, Dorfer se volcó de lleno en la producción pictórica. Fue así que incorporó un lenguaje inspirado en las ilustraciones para niños, el cine, el teatro, el cómic, el diseño y otras tantas fuentes que abundan en la difusa frontera que forzosamente separa la producción pop de las artes visuales y que bombardean la cultura contemporánea desde todos los flancos. Son todos esos elementos los que construyen un relato que se revela en sí mismo. Es la información visual y su fuente originaria lo que alimenta la narración que propicia Dorfer: “No creo en la distinción entre pop y cultura basura; naif o nativo. Todos contribuimos para formar un recipiente cada vez mayor de signos que se entremezclan. Si ocurre en la red o en cualquier forma de ilustración, en una película de Pixar o en un estampado, no importa; es emocionante poder usar y abusar de estas formas y transformarlas según lo que quiero manifestar”, explica.
Y siendo un constante explorador de las nuevas formas y medios, no deja de llamar la atención el hecho de que haya escogido la pintura como medio de expresión. La respuesta, según se deduce, proviene del uso del color: “Siendo niño, quise inventar un nuevo color. Me tomó cierto tiempo darme cuenta que estamos limitados por el espectro de la luz y el rango de percepción que tiene el ojo humano; una variante física que condenó mi invento al fracaso.” Además, reconoce que, cualquiera sea el medio, las historias que hay que contar son las mismas desde tiempos primigenios, limitada por lo que somos y necesitamos: amor, poder, muerte, etc. Por lo mismo, Dorfer no se hace problemas frente a la necesidad compulsiva de algunos artistas que se obligan a avanzar hacia la vanguardia. “No importa si tomamos un vaso de leche con una bombilla o con diez al mismo tiempo. La leche va a ser la misma, en igual cantidad, sustancia, color y sabor… Quizás la puedas tomar más rápidamente, pero ese es otro problema de nuestros tiempos y una historia diferente…”, explica.

Narración plástica
A partir del año 2000, el uso del computador se hizo fundamental en el trabajo de este artista austríaco, para quien cada obra supone diversas etapas: Primero, construye un story board de ideas que va graficando con pequeños bosquejos que garabatea diariamente. Son estas líneas las que constituyen la primera de muchas capas que se superponen hasta conseguir el resultado final. La segunda, proviene de una base de datos fotográfica que el propio Dorfer ha construido a lo largo de los años: “Estas imágenes son utilizadas al revés de lo común. En la música, el sonido es grabado acústicamente, y luego mezclado de forma electrónica.
En este caso, lo electrónico precede al proceso pictórico (…). La combinación de elementos visuales y la lógica de sus interrelaciones es el resultado del dibujo realizado a partir de diferentes soportes: ilustración, bosquejos, fotos, comics, stills de video, etc.”
Y previo a todo eso está la construcción del lienzo, consistente en un marco de aluminio y una superficie de plástico. “Escogí este material porque es muy importante para mí conseguir un efecto plano en el resultado final. Aún cuando los cuadros son pintados a mano –a través de múltiples capas que me permitenigualar los colores y las pinceladas—no me importa si alguien piensa que es una impresión o incluso una fotografía”, describe.
Técnicamente, esta opción le permite eliminar la profundidad en la imagen, la distinción entre lo alto y lo bajo, del mismo modo que en una carátula de CD, el estampado de una camisa, una calcomanía o un afiche publicitario. De este modo, la obra adquiere una limpieza que es coherente con los elementos que la componen. Según Dorfer, “el resultado es un proceso continuo de experimentación, de eliminar y condensar información visual para alcanzar un resultado general, iconográfico,
que funciona más como una señal de tránsito o un logotipo, aún cuando no sea descifrable en una primera mirada”.
Y luego sustenta su experimento con la teoría que lo atrajo en sus días de universidad: “En la década del 20, el sociólogo austríaco Otto Neurath trabajó en desarrollar un lenguaje visual, un sistema de visualización que transformaba información estadística vital en fotoestadísticas. Él fue uno de los primeros en investigar las oportunidades de los íconos y pictogramas. Denominó como ‘argumentos visuales’ toda aquella circunstancia en que una declaración se realiza en forma de imagen.
Me pareció muy intrigante todo ello y en cierto sentido funciona para aquello que persigo. Generalmente uso siluetas simplificadas, a veces similares entre sí, una y otra vez, de la misma forma que los directores de cine prefieren utilizar ciertos actores en particular. Estas formas han sido mis propios argumentos visuales.” Y en esta selva de signos y el constante bombardeo de información al que estamos expuestos, ¿qué es lo que sorprende a Dorfer, lo que lo conmueve?
“Pareciera que somos animales sofisticados con corazón de pirata, luchando, apuñalando, quemando, bombardeando, robando, traicionando y mintiendo a lo largo de los siglos. Y que al hojear los periódicos pareciera que esta condición no va a cambiar jamás. El arte se convierte en el juglar que eventualmente le dirá la verdad al rey. Pero es el rey el que decide si lo mata, o lo deja bailar…”